VOCES DE LA FLORESTA (MATA) ATLÁNTICA

Âna Patté

Foto: colección personal

Soy Ana Patté, pueblo Xokleng, aldea Palmeira, Tierra Indígena Laklanõ, municipio José Boiteux (Santa Catarina). Egresé de la carrera de Licenciatura Intercultural de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC). Comencé en la lucha siendo una niña. La lucha por la demarcación de nuestras tierras aún es grande. Cuando entré en la universidad, nosotros éramos considerados como inexistentes. Eso fue como un compromiso para mí, mostrar nuestra existencia y hablar: yo soy indígena, pueblo Xokleng, de Santa Catarina. Al llegar a Voz me junté con mujeres experimentadas, que estaban en la lucha hace mucho más tiempo y ellas se volvieron mis referentes. Nuestra mayor preocupación es nuestra vida. Nosotras no nos preocupamos por lo que vamos a comer mañana, nos preocupamos por si mañana estaremos vivas. Luchamos todos los días por nuestra vida, por nuestra tierra, por nuestro río, por nuestros peces, por nuestros hijos. Ninguna lucha es mayor que otra. Todos nosotros, indígenas, tenemos nuestra lucha. Entonces, debemos contribuir, aprender, nunca desistir y resistir.

Soy Andreia Lourenço, pueblo Guaraní Nhandeva, aldea Pinhalzinho, Tierra Indígena Pinhalzinho, municipio de Tomazina (Paraná). Me gradué como Secretaria Ejecutiva Bilingüe y cuando estudiaba en la facultad, formamos un grupo de estudiantes. Un día el rector consiguió reintegración de posesión y llegó la policía para sacarnos de allí. Yo los enfrenté diciendo que yo era indígena y que quería verlos sacarme de allí. En aquel momento mi voz fue escuchada y percibí que yo podía luchar. Comencé a ganar coraje cuando participé del evento organizado por ONU Mujeres en Campo Grande (Mato Grosso do Sul). Allí conocí la lucha de otras mujeres. Fue a partir de ese encuentro que surgió la idea del (colectivo) Voz. Voz de Mujeres fue una liberación para mí. Hoy, si tuviera vergüenza de hablar, hablaría de la misma manera.

Andreia Lourenço

Foto: ONU Mujeres

Clemilda Índia

Foto: colección personal

Soy Cremilda Índia, del pueblo Wassu Cocal, aldea Wassu Cocal, Tierra Indígena Wassu Cocal, municipio de Joaquim Gomes (Alagoas). Con 45 años me gradué en Pedagogía. Soy líder de mi pueblo, actúo en la organización de mujeres de mi aldea y Voz les dio esperanza a las mujeres. Creó una confianza en días mejores. Las mujeres que componen nuestro grupo aquí en Alagoas se tornaron más decididas, con más coraje para enfrentar las dificultades e ir en busca de algo mejor. Fue así como conseguí articular a otras mujeres para luchar por nuestros derechos. Nosotras, las mujeres, nunca debemos parar de luchar por nuestro pueblo. Cuando alguien pasa por lo que yo pasé, por todo tipo de prejuicio, si desiste es peor. Nunca debemos dejar que nadie nos arrebate nuestros sueños. ¡Tenemos que luchar siempre! ¡Juntas somos más fuertes!

Soy Glicéria Tupinambá, del pueblo Tupinambá, aldea Tupinambá Serra do Padeiro, Tierra Indígena Tupinambá de Olivença, ubicada al sur del Estado de Bahía. Soy profesora del Colegio Estatal Indígena Tupinambá Serra do Padeiro y comencé a participar del movimiento indígena cuando aún era joven, en la asociación de mi aldea. Fue a partir de Voz que me percibí como mujer en el movimiento y vimos la necesidad de ampliar, diseminar la lucha, de recorrer más, de ocupar espacios para mostrar el protagonismo de las mujeres indígenas. La lucha es continua. La lucha vale la pena cuando vemos la selva de pie, los animales con vida, la paca (tapir) corriendo dentro de la plantación de cacao, el tatú (armadillo) pasando por el frente de la casa. Entonces, para mí, eso ya es gratificante.

Glicéria Tupinambá

Foto: Nathalie Pavelic

Josi Tupinambá

Foto: colección personal

Soy Josi Tupiniquim, pueblo Tupiniquim, aldea Pau Brasil, Tierra Indígena Tupiniquim y Guaraní, en el municipio de Aracruz (Espírito Santo). Soy estudiante de Ciencias Sociales en la Universidad Federal del Espírito Santo (UFES) y trabajo como gerente de asuntos indígenas en la Secretaría de Gobierno del Ayuntamiento de Aracruz. En nuestra región, existen grupos de mujeres que hacen artesanía, pinturas, jabón y discuten sobre la violencia y la gestión de los territorios. En Voz, nosotras, las mujeres indígenas, conversábamos sobre esa cuestión del empoderamiento, de la necesidad de ocupar los espacios para que nuestras voces sean escuchadas. Estar al frente o estar caminando juntos en un proceso de lucha, no es fácil para nadie. Nosotras que somos mujeres, tenemos que cuidar la casa, los hijos, tenemos varias funciones. Precisamos alimentar los espacios para que las mujeres indígenas puedan hablar lo que realmente sienten y para lograr el verdadero cambio a partir de la lucha colectiva.

Soy Maria Alice de Souza Cupudunepá, pueblo Krenak de Minas Gerais, aunque desde la década del 80, me encuentro en el Territorio Indígena Umutina. Soy graduada en artes, lengua y literatura y cuento con un posgrado en educación escolar indígena. Actualmente actúo como consejera fiscal de la Organização de Mulheres Indígenas de Mato Grosso – Takiná. El (colectivo) Voz ayudó en el proceso de madurez de nuestro movimiento. Tuvimos oportunidad de hacer un diagnóstico en el que verificamos que las mujeres ocupaban poco espacio de trabajo remunerado en las aldeas, eran pocas las que estaban asistiendo a una facultad. Ya actuamos en varias cuestiones como el reconocimiento étnico, derecho a la educación y salud diferenciadas. Lo que siempre se valora es que esas personas no se olviden jamás de sus orígenes. Que sepan que la raíz está en la aldea. Si ella precisa salir, también debe saber que un día tendrá que volver para traer cosas buenas para su comunidad.

Maria Alice Cupudenepa

Foto: colección personal